Bitácora semana 10
La clase del lunes 13 de abril comenzó puntual, como todas las demás. Ese día especialmente amanecí con más pereza de lo normal. A pesar de haber puesto la alarma con anticipación, fue como si mi cuerpo me jalara hacia las cobijas, impidiéndome levantar para estar lista a las 7 en punto. En contra de todo pronóstico, lo logré y me senté frente a mi computador, bañada y con hambre, lista para recibir la clase.
En está ocasión fui mi compañera Adriana quién se arriesgó a dejarnos leer su bitácora. Pude descubrir que ella también compartía algunos de mis sentimientos sobre la cuarentena, y que no era solo yo quién se sentía cansada, agobiada con los trabajos o el encierro, y en ocasiones hasta sola a pesar de estar acompañada de otras personas en la misma casa. Creo que son sentimientos que compartimos todos en general: estudiantes, profesores, padres, niños pequeños… Pero también estoy segura que toda esta situación se hace más llevable a medida que pasa el tiempo, aprendemos a acomodarnos a la nueva rutina, ya no se nos hace tan “terrible” no salir los fines de semana (aunque para algunos sí ha sido escándalo el hecho de no poder salir de rumba por los próximos 18 meses), encontramos otras actividades para hacer que tal vez antes no habíamos hecho por “falta de tiempo”, etc. Pero a pesar de todo creo que deberíamos sentirnos agradecidos al menos por tener un lugar seguro donde resguardarnos, por estar acompañados de nuestras familias (excepto por Dani Chavez, aunque ahora se comunica aún más con su familia), por tener algo que hacer en el día, así a muchos les de mamera estudiar por internet, pero creo que sería peor si aparte de encerrados, estuviéramos desparchados todo el día.
Y bueno, retomando con el contenido de la clase, el profesor nos compartió dos nuevas salidas de campo que habían hecho una pareja de estudiantes hace unos años en la que, nuevamente, fueron a un prostíbulo. Sin embargo, en esta ocasión pudimos identificar ciertas diferencias en cuanto a la investigación de cada uno, a pesar de haberla hecho de exactamente la misma experiencia, en el mismo lugar, misma hora, mismo todo.
Cobos quería que nosotros fuéramos capaces de identificar cómo cambiaba la percepción de dos personas y su forma de relatarla ante una misma experiencia. La primera fue la del chico, no recuerdo cómo se llamaba pero siendo totalmente sincera, creo que empezó mal desde el principio, ya que en su relato contaba que el lugar al que fueron para hacer la investigación, ya lo había visitado anteriormente. Esta fue una de las cosas que Cobos nos pidió desde el principio que NO hiciéramos, ya que al hacer una investigación en un lugar donde ya hemos estado implica que nuestra visión se sesgue! Veremos la situación con otros ojos, sabremos información que cambiará nuestra percepción y probablemente, también nuestro comportamiento. Esto precisamente, fue lo que le pasó al chico, tomó una actitud totalmente egocéntrica y un poco antipática, en mi opinión, ya que se creía que lo sabía todo del lugar, incluida las intenciones de las mujeres que estaban ahí, como si estuviera aburrido de volver a repetir algo que ya había vivido y tener que interactuar con los demás le parecía innecesario y aburrido.
La chica, por el contrario, contó su experiencia de una manera completamente diferente. Ella no había ido antes a este lugar y se notó mucho al momento de relatar su salida de campo. Era más detallista, más observadora, veía todo con más curiosidad y eso hacía que también estuviera mas abierta a hablar con la gente y a probar cosas nuevas (por incómodas que fueran).
Esto nos demostró que definitivamente, los hombres y las mujeres ven el mundo de una manera totalmente distinta, nos fijamos en detalles que otro podía no haber visto nunca, interpretamos las situaciones de forma distinta, nos asombramos ante cosas que para otros pueden parecen insignificantes, etc. Como dijo el profesor en esta ocasión: “No vemos el mundo como es, lo vemos como somos”.
La última parte de la clase consistió en (por fin) hacer mi presentación del modelo VAK con mi compañero Daniel. Llegué a pensar que pasaría otra clase más sin hacer la exposición, pues habíamos estado esperando como desde hace un mes para hacerla, literalmente, pero finalmente nos tomamos los últimos 20 minutos de la clase para explicar a nuestros compañeros de qué trataba este sistema de aprendizaje neurolinguístico que, en resumidas cuentas, habla de que cada persona aprende de una manera distinta, unos son más visuales, otros auditivos y otros kinestésicos.
Debo confesar que la información que encontramos en internet sobre este tema fue bastante limitada, no sé si porque el tema en sí es bastante sencillo o si porque no existen las investigaciones suficientes para ofrecerle al público una explicación más amplia más allá de “Cómo identificar qué tipo de aprendizaje tienes”. Fue así como recolectamos toda la información útil que pudimos y les explicamos a nuestra clase que cada persona tiene una manera diferente de aprender.
Debo decir también que me pareció bastante básico el hecho de que solo hubieran 3 tipos de aprendizaje. Es decir, entre todos los billones de personas existentes en el mundo, ¿solo hay 3 opciones en las que tu cerebro puede ser clasificado sobre cómo aprende? La verdad siento que Glinder y Blander se quedaron un poco cortos en cuanto a su investigación, ya que no me cabe en la cabeza cómo el ser humano, siendo tan diferente y único a la vez, puede simplemente aprender de 3 maneras distintas.
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