Bitácora semana 9
El lunes 30 de marzo fue nuestra primera clase virtual con el profesor Cobos desde que comenzó la cuarentena. Debo decir que me resultó un poco extraño que hayan pasado 2 semanas sin hacer bitácora de las clases. Ya estaba acostumbrada a que cada sábado o domingo por la tarde me sentaba juiciosa en mi escritorio a escribir y recordar lo que se hizo en la clase pasada, pero al mismo tiempo me alegró volver a recibir sus clases, así sea de manera virtual. Es un poco raro todo, porque literalmente hicimos lo mismo que en las clases presenciales, pero de manera virtual: la lectura de las bitácoras, el repaso de los temas anteriores, recordar las frases con las que identificamos cada tipo de investigación, etc.
Creo en el general en esta cuarentena ha habitado en mi una sensación de extrañeza, es raro recibir clases a través de una pantalla, es raro escuchar la voz de un profesor que ahora identificas con un ícono de foto de perfil y ya no con su rostro o expresiones de clase, es raro interactuar con tus compañeros que veías cada lunes por medio de un chat, y lo más raro de todo, creo yo, es que a pesar de estar en la casa todo el día, el tiempo libre es cada vez menos. Es contradictorio y a la vez cómico porque estás encerrado con tu familia todo el día, pero ni siquiera tienes tiempo de hablar con ellos porque ahora estás las 8 horas de clases diarias pegado frente al computador, más otras 4 horas haciendo trabajos que debes entregar.
En mi caso, debo decir que después de la tercera semana siguiendo esta rutina, mi cerebro hizo una especie de “click” y dije: A la mierda. A la mierda el estrés, la ansiedad, la frustración, a la mierda el dolor de espalda y de cuello (que estoy segura que todos lo sentimos desde que comenzaron las clases virtuales). A la mierda el enojo o la decepción después de recibir unas malas notas, sabiendo el esfuerzo y las horas de más que le había puesto a los trabajos que tenía que entregar. Es decir, estamos viviendo una pandemia mundial que seguramente va a quedar registrada en nuestros libros de historia, y yo me la paso todo el p*** día estresada porque “voy a perder tal materia”, cuando la verdad es que ya ni siquiera vamos a regresar a la universidad sino hasta dentro de quién sabe cuando…
Bueno, retomando el curso normal de mis bitácoras habituales (aunque con esa pizca de crítica y rebeldía que decidí tomar hoy), seguiré contándoles lo que hicimos en clase:
Recuerdo que leímos una de las salidas de campo de una estudiante como del 2014 y me pareció bastante interesante (y arriesgada), pues ella y su compañera habían decidido ir a un prostíbulo y hablar con una de las chicas que allí trabajaba. Y digo chica, porque sí, la mujer con la que entablaron conversación tenía 21 años, según la autora del relato. Me pareció sorprendente porque, en mi opinión, hablar de estos temas hoy en día es un tabú, y más entre estudiantes de una universidad “prestigiosa” como lo es La Sabana. Puede prestarse para malentendidos o críticas, es decir, ¿Por qué dos estudiantes querrían ir a un prostíbulo del sur de la cuidad? De entre todos los lugares que pudieron haber elegido, escogieron ese, y precisamente por eso me parece una decisión bastante valiente, especialmente porque fueron dos mujeres las que hicieron esta salida de campo. Todos sabemos que hubiera sido muy diferente la opinión de la gente si hubieran sido dos hombres los que hubieran ido a este lugar… Estas dos chicas decidieron darle una perspectiva diferente a este tabú, desde una acción tan pequeña como escribir en un blog su experiencia. Aunque, a decir verdad, no fue para nada “pequeño” el hecho de haber ido hasta el lugar, exponerse a las personas o situaciones que se encontrarían allá y mucho menos el haber hablado con una mujer que practicaba esta labor. Resalto mucho esta última acción ya que entablar una conversación con una mujer que se dedica a la prostitución puede ser muy mal visto ante muchos ojos. Todos tienen (o tenemos) esa percepción de que ellas son mujeres que se “regalan”, que no se respetan, que no se valoran, que han dado lo más “puro” de sí a cambio de una buena remuneración (para nadie es un secreto que esta es una labor muy bien paga). Pero las dos estudiantes decidieron arriesgarse, decidieron darle a Camila la posibilidad de contarles su historia, de ser escuchada sin juzgas o críticas. Esto me parece que fue lo más bonito de todo, que al final pudieron conocer a una persona, que al fin y al cabo tenía las mismas aspiraciones que las dos chicas, que quería estudiar, sacar adelante su carrera y a sus dos hijas, darle una vida digna a su mamá…
Pudieron entender cómo una mujer es capaz de darle su dignidad a otra persona, no a cambio de dinero o de “placer”, sino por todo el amor que le tenía a su familia y porque sabía que así ayudaría a sus hijas a y su madre a salir adelante. Ahí es cuando uno entiende que las manifestaciones de amor muchas veces pueden parecer inentendibles, pero también que son infinitas. Una mujer que es capaz de darle su cuerpo a otra persona porque literalmente LE TOCA, a cambio de ver feliz a su familia, me parece que es muy valiente y muy berraca.
Esto me recordó que por eso la investigación es una de las labores más bonitas que alguien puede hacer, porque significa dedicarle tu tiempo y esfuerzo a una persona o a una comunidad que lo necesita. Porque significa saber escuchar, saber observar, saber entender, y sobre todo, aprender a NO JUZGAR, entender que las cosas no son como parecen, que todo tiene un trasfondo detrás lo que vemos a simple vista.
Aquí les dejo el link de la salida de campo de la que les hablé para que la entiendan e interpreten mejor leyéndola ustedes mismos: http://mariangelaorozco.blogspot.com/2014/04/la-primera-incursion-prostitucion.html?m=1
Comments
Post a Comment